|

Cuando nos comunicamos con una persona generalmente asociamos con la idea del diálogo verbal, emitiendo sonidos con las palabras. Los especialistas en la comunicación interpersonal saben que no es la única forma de comunicarse. Existen muchas otras formas visibles, audibles y sensibles, espiritual o moralmente estas últimas. Una comunicación plena y de buena calidad con el prójimo se da cuando mejor uso se hace de todos los recursos comunicativos además del diálogo puramente verbal o escrito.
Estos otros recursos o cualidades para la comunicación, como el lenguaje de los cuerpos, las pausas, las inflexiones de voz, las expresiones faciales, las miradas, etc., son tan importantes y son las que expresan con sinceridad lo que no se puede lograr con las palabras. Así, uno puede decir algo, sea en forma verbal o sea en forma escrita, y sin embargo otras manifestaciones simultáneas, que son inconscientes pero más auténticas, descubren que no existe armonía ni correspondencia entre lo dicho conscientemente y las otras manifestaciones inconscientes. Estas manifestaciones inconscientes son las que delatan nuestras verdaderas intenciones. De esta manera se dificulta el diálogo sincero y el consecuente provecho que pueda obtenerse. Una de esas cualidades muy importantes, integradas en la buena comunicación interpersonal, es el silencio. Paradójicamente el silencio “habla” y expresa mucho. Comunica algo. Complementa, completa o bien omite la idea dentro de un contexto comunicativo. El silencio para escucharnos interiormente o para escuchar a los otros es una condición básica porque “no por hablar mucho nos comunicamos mejor”. Tampoco el otro extremo: no por callar mucho nos comunicaremos mejor. De ahí que ni el diálogo de sordos, ni el de charlatanes ni el de gritones sean los más convenientes. El silencio que enriquece no es renuncia al diálogo. Es una pausa necesaria para la incorporación honesta en la interioridad de cada uno del mensaje de la otra persona o para el discernimiento espiritual o intelectual, necesarios para una buena comunicación basadas en la caridad. Porque todo después desemboca en la comunicación con el otro. O también con ese Gran Otro que es Dios. El Papa Benedicto XVI en su Mensaje para la 46ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales con el lema: “Silencio y Palabra: camino de evangelización” le da mucho énfasis e importancia a este componente de la comunicación que es el silencio. Él mismo afirma que “El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio nos escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; . . .Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación”. Estas reflexiones del Papa nos invitan a aplicarlas en nuestro diálogo con Dios: ¿Qué nos dice en su silencio? ¿Estamos preparados para “escuchar” ese silencio y comprenderlo? Y nosotros, en nuestro silencio ¿escuchamos a Dios o sólo hablamos nosotros? Como siempre, insistimos en practicar todo esto en la familia empezando por los mismos esposos. Será, de entre otros tantos valores, una gran escuela para los hijos. Juan Carlos Pineda.-
|