Análisis de coyuntura de América Latina PDF Imprimir E-mail

JL

Seguimos en noche oscura. Sin embargo están apareciendo algunas luces que podrían anunciar nuevos tiempos; algunas luces, sólo. Veamos.  En los últimos dos o tres años ya comienzan a aparecer dudas en el mundo de los dominadores. Empiezan a no confiar tanto en el sistema que han impuesto al mundo entero. Empiezan a darse cuenta que toda su política, orientada y dirigida durante esta última década por el Fondo Monetario Internacional, por el gobierno de EEUU y por las grandes entidades financieras... lleva verdaderamente a un fracaso que puede amenazar la estabilidad de toda la economía mundial. Empiezan a temer. Y, como se sabe, las revoluciones suceden cuando el poder dominador empieza a dudar de sí mismo: empieza a dividirse y a buscar alternativas que pudieran restaurar su poder; en realidad con eso sólo manifiesta su debilidad, y es en esa situación cuando finalmente se da la posibilidad de que los pueblos puedan manifestarse...


 

En estos últimos años ya hay dudas en el FMI, en el Banco Mundial, incluso en el gobierno de EEUU. En la famosa reunión de Davos, en Suiza, donde se reúnen todos los grandes dirigentes de la economía mundial, empiezan también a dudar. O sea: empiezan a ver lo que nosotros hemos visto y dicho durante estos últimos 10 años.

Por otra parte, también empiezan a aparecer fuerzas de resistencia contra esa dominación de los poderes económicos y financieros de esta última década. Alguien ha dicho que "el nuevo milenio empezó en Seattle", en diciembre de 1999. Sea como sea, al menos fue una gran señal. Después hubo también otras grandes manifestaciones en Washington. Es un tipo de manifestaciones que supone la movilización de miles de movimientos, de grupos, de ONGs... que representan una inmensa diversidad de sectores de la sociedad. Y está apareciendo esta fuerza de oposición sobre todo en el primer mundo. El tercer mundo -hasta ahora, todavía- está tan desarticulado que no participa mucho en ese movimiento. Pero, por supuesto, una vez que esas puertas se abran, va a animarse y a juntarse y a integrarse con toda su vitalidad en esas luchas.

En cuanto a las grandes masas populares, hay señales de un despertar, pero la máquina de poder es todavía tan fuerte, que logra imponerse, logra mantener la pasividad de las grandes masas. Una de las señales más negativas en ese sentido fue el apoyo que el candidato de la derecha a la presidencia de Chile, Jorge Lavín, recibió de las masas populares en las últimas elecciones: logró 49% de los votos, lo que supone que una gran porción de los pobres, de las masas populares, han sido seducidos por su propaganda. Y esto todavía es demasiado frecuente allí donde hay elecciones. Esto persiste, por supuesto, porque no ha habido educación ni promoción popular; la miseria, la preocupación por el pan de cada día crecieron tanto... que la formación crítica no se pudo desarrollar, y muchas personas votan, aceptan cualquier candidato que les ofrezca una simple pequeña ventaja material inmediata...

Las izquierdas actualmente están divididas: las que se integraron dentro del sistema democrático, y las que se niegan a entrar en ese sistema y buscan caminos fuera de las estructuras políticas institucionalizadas. Las izquierdas integradas no logran condiciones suficientes para realizar su programa, y más bien entran en la dinámica de las instituciones llamadas democráticas, que están hechas para mantener el status quo, la situación establecida. Difícilmente un Congreso permitirá un cambio; es muy difícil que una mayoría logre desde allí cambios profundos, serios. Cuando se entra en el sistema, en el juego de los partidos, se entra en una dinámica extraordinariamente compleja, en un sistema que puede ser manipulado, mangoneado por los poderosos, por el poder ejecutivo... y al final no se consigue nada. Además, es muy difícil que los partidos de izquierda consigan una mayoría, ya sea para elegir al presidente, ya sea para multiplicar el número de diputados, o miembros de los congresos. De modo que las izquierdas, por ejemplo en México, pierden, no están avanzando; más bien están dando pasos para atrás. Hubo gran esperanza cuando Cuahutémoc Cárdenas fue elegido alcalde del D.F. de México; después de algunos años se constata que el problema era tan difícil, tan complejo... y que, además, con la oposición del gobierno federal, poca cosa se podía hacer, de modo que su presencia al frente de la capital ha servido más bien para desprestigiar al partido y desprestigiar a la izquierda.

Es verdad que en Chile el nuevo presidente es socialista, pero los partidos socialistas en Chile han tenido que hacer tantas concesiones al sistema neoliberal establecido, que su socialismo ya casi no se puede reconocer, y poco se puede esperar de ellos en lo concreto. En los demás países, los partidos de izquierda, o bien son insignificantes, o son tan minoritarios como en Brasil, y poco pueden hacer. Es verdad que en Uruguay casi casi alcanzaron la mayoría, pero es una excepción en el Continente.

Al lado de eso han aparecido otros movimientos políticos que retoman los temas tradicionales de las izquierdas, pero no están integrados en el sistema y más bien creen que pueden ser más eficaces fuera del sistema establecido, y que transformarse en partido político sería una trampa en la que no quieren caer. Eso sucede naturalmente con el movimiento zapatista en México, que aparentemente está estabilizado o neutralizado, pero del que hay rumores de que su influjo estaría extendiéndose por todo el país. En Brasil el Movimiento de los Sin Tierra (MST) está subiendo, y está constituyéndose en la principal fuerza de oposición, incluso empieza a inspirar temor en los gobernantes. Esos movimientos quieren desestabilizar el sistema, utilizando sobre todo las grandes manifestaciones, que obligan a los medios de comunicación a mostrar sus existencia, mostrar sus programas. La TV va a donde hay perturbación; donde hay acontecimientos insólitos, donde hay violencia... ahí está la TV, y da a conocer lo que sucede, y el primer paso para la concientización de un pueblo es saber lo que pasa, saber que una cosa existe, que una oposición existe. Usando entonces el influjo de la TV, de los medios de comunicación, y encontrando también apoyos grandes en los movimientos y contestaciones del mundo, esos movimientos como el MST constituyen una amenaza para el poder establecido.

En torno a esto están también otras fuerzas de oposición: por ejemplo los movimientos indígenas, que también preparan y proponen un modelo alternativo de sociedad, un modelo que siempre se inspira en alguna forma de socialismo.

Hay pues una nueva izquierda que está levantándose, articulándose, pero principalmente fuera de los partidos tradicionales, incluso fuera del Partido de los Trabajadores, que en Brasil sólo tiene 20 años, pero que ya se integró mucho en el sistema, lo que limita grandemente su actuación.

A nivel local, a nivel de alcaldías, de poder regional... se ha podido llevar a cabo realizaciones a veces notables, que preparan el porvenir; así por ejemplo en varias alcaldías en Brasil. En México, sin embargo, no han tenido mucho éxito.

¿Cómo podrán mover, convencer a las masas populares?, ¿como podrán desarticular el proyecto establecido? Ese será justamente el programa de la primera década del siglo XXI.

¿Qué puede suceder entonces en los años que vienen ahora? ¿Habrá explosiones sociales?

Explosiones sociales hay ya, por el momento, en todos los países andinos, todos ellos actualmente inestables, profundamente perturbados, con gobiernos muy precarios, muy contestados, muy discutidos, y con indefinición, sin proyecto claro para el porvenir. Se da una multiplicación de conflictos en Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela... Todos estos gobiernos son actualmente inestables y se dan manifestaciones constantes, permanentes, que permiten prever que una explosión mayor puede ocurrir en cualquier momento. En Ecuador, casi, casi se habría podido producir ya o una guerra civil, o el comienzo de una nueva guerrilla, o el advenimiento de un gobierno populista izquierdista, si hubieran tenido más apoyo por parte de militares importantes; una parte de los oficiales del ejército entraron en el movimiento, lo que ya es una señal; si hubieran logrado dividir las fuerzas armadas... Por supuesto que esto debilita mucho el gobierno establecido. En resumen pues, explosiones sociales ya están presentes o en preparación inmediata en toda la zona andina; lamentablemente, parecen inevitables por el camino que vamos.

¿Se pueden prever en otros países? Bueno, en México, si el PRI pierde las elecciones eso será el inicio de un período de inestabilidad, porque el PRI podría desintegrarse, esto liberaría muchas fuerzas sociales que hasta el momento están controladas por el PRI; es poco probable que el gobierno de Fox, el PAN, pueda dar satisfacción a las masas populares. Entonces sin la resistencia de un PRI, ahora muy debilitado, pueden muy probablemente producirse movimientos sociales y explosiones en México.

América Central está por el momento en un tiempo de descanso de todas las violencias pasadas...

Pero en Brasil ha empezado una época de perturbación en el año 2000: ya en los primeros meses el MST ha logrado agitar un poco a toda la nación, provocando una reacción muy dura por parte del gobierno, lo que es señal de debilidad y de preocupación.

Explosiones sociales pueden suceder pues en varias regiones del Continente. Es que la década de los 90 fue triunfalista: los nuevos dirigentes neoliberales estaban optimistas, prometieron el paraíso, estaban convencidos de que las recetas neoliberales llevarían a su pueblo al paraíso... y ahora ya están también constatando que no es así. El sistema establecido no está ya tan seguro de sí mismo, y si no está tan seguro de sí mismo no va a tener tanta fuerza para reprimir los movimientos que se manifiestan. Entonces, seguramente, la primera década del siglo XXI va a resultar más perturbada que la última década del siglo anterior. En la década de los 90 las fuerzas populares estaban totalmente aplastadas y toda reacción prácticamente aniquilada, pero esta primera década anuncia un cambio: ¿perturbación, explosión? Sí, probablemente conflictos, violencias...

¿Será que la izquierda clásica, los partidos de izquierda irán a aprovechar la situación y alcanzarán el poder gracias a esas explosiones sociales? No es muy probable. Van a aparecer nuevas tendencias, nuevas fuerzas, nuevos liderazgos. Los líderes de las izquierdas tradicionales ya están muy desgastados, y su estabilidad está muy disminuida. En Chile, que es el país más estable, que parece tener cierto equilibrio, es posible que Ricardo Lagos sea capaz de mantener una cierta estabilidad, pero en los demás países nada de eso está garantizado.

Los partidos de la izquierda clásica se han integrado y adaptado al sistema llamado democrático que se ha establecido en la llamada redemocratización de A.L. Esto les quita iniciativa, imaginación, capacidad de riesgo, y también creatividad para proponer modelos nuevos de sociedad.

Van a tener que aparecer nuevos liderazgos. Es muy probable que, como en Venezuela, aparezcan líderes populistas, esos líderes que no se sabe si son de izquierda o de derecha pero que logran monopolizar las esperanzas populares. Lo que pasó con Hugo Chávez va a repetirse en varios países. O sea: todos están buscando nuevos líderes, nuevas fuerzas políticas, nuevas figuras, y de modo particular están buscando a un "salvador de la Patria". En Chile Joaquín Lavín se presentó como tal: no tenía partido político, no tenía pasado, no tenía compromiso con nadie, era la pura encarnación de pueblo chileno, o sea todos los rasgos característicos de un líder populista. En realidad él representaba a la vieja y tradicional derecha chilena, a las grandes familias tradicionales, pero con una máquina de propaganda muy estudiada y bien montada supo presentarse como un verdadero "salvador de la Patria".

En otros países está faltando el candidato, pero puede aparecer en cualquier momento...

Ecuador sería el primer país disponible: ahí puede aparecer una figura carismática que logre, llamar la atención y orientar todas las fuerzas populares que quieren un cambio, tal como ya sucedió en Venezuela.

En Colombia algo semejante puede suceder después de tantas desilusiones, tantas derrotas de todos los presidentes sucesivos y de la desconfianza que gran parte del pueblo siente hacia el sistema.

¿Puede aparecer un salvador de la Patria en Brasil? También, sí, puede aparecer. Está creciendo el sentimiento de la ineficiencia, de la ineficacia del sistema democrático. Y es una desilusión muy muy profunda, alimentada incluso por toda la clase intelectual. Los escándalos son cada vez más escandalosos, siempre más repugnantes, y provocan y aumentan el sentimiento de rabia e impotencia... En esa situación de deseos de cambio, si se presenta un "salvador de la Patria" podrá recibir el apoyo unánime de las clases populares. ¿Podría ser un salvador nacido en el MST? No, es imposible; pero puede aparecer desde otro sector de la sociedad. Sin embargo en la actualidad la mayor probabilidad es que aparezca desde el MST...

En los otros países Andinos... en Paraguay por ejemplo, un salvador de la Patria podría ser recibido y acogido con entusiasmo en cualquier momento. ¿Argentina será más estable? Tal vez, por tener también un pueblo más alfabetizado, letrado, desarrollado intelectualmente, pero el Menemismo ha provocado mucha desilusión y no hay mucha esperanza de que el nuevo presidente pueda dar satisfacción a las aspiraciones populares y sacar a Argentina de la profunda miseria en la que está actualmente. México es una incógnita: claro que ni Cárdenas ni Fox son el salvador de la Patria, pero si no logran ningún resultado, en el caso de la victoria del PRI sí puede aparecer una figura carismática que logre movilizar de nuevo todas las fuerzas populares que puedan resucitar en torno a un cierto nacionalismo (El nacionalismo casi ha desaparecido, incluso el sentimiento nacional ha sido aplastado por la integración total de los neoliberales en el sistema estadounidense, en el "imperio americano", pero pudiera resucitar y constituir entonces una fuerza de apoyo para cualquier "salvador de la Patria").

¿Qué se puede hacer en estas circunstancias? Bueno, ahí una cosa que siempre es necesaria es que todos podemos actuar a nivel local. Una nueva sociedad, una alternativa social tendrá que encarnarse siempre en las estructuras de la vida diaria. Buena parte de esa alternativa ya depende de la vida municipal, de la ciudad, del barrio... Entonces, ahí hay algo que se puede hacer para preparar nuevas estructuras. Por ejemplo: tratando de liberar las instituciones locales. Fundando nuevas instituciones locales que puedan estar libres de la inmensa corrupción que se ha difundido en la última década. Formando y preparando personas honestas, capacitadas, que tomen iniciativas y que puedan mejorar la condición local de los barrios, de las ciudades... Las alcaldías, cuando son bien conducidas, pueden mejorar bastante la situación.

En cuanto a preparar la dinámica nacional, la reconstitución de la nación, ahí sí que debemos "acompañar la historia", y a ver qué pasa... No es muy probable que personas comunes y corrientes sean capaces de provocar acontecimientos tan fuertes que puedan cambiar el rumbo de la sociedad. Pero una vez que algo se perfila o se presenta, ahí viene el momento de la acción, la participación o no participación, la contestación... Ahí cambia la constelación de las fuerzas y entonces hay que definir una posición para participar. Tal vez ahí se abrirán más espacios para movimientos populares, más espacios para otros sistema de producción basados en las pequeñas y medianas empresas... En fin, todo eso abrirá perspectivas, pero es difícil preverlo ahora.

¿Los cristianos deben participar en los movimientos paralelos ilegales o semiilegales?, Es una cuestión que cada uno, cada grupo va a tener que examinar y resolver: ¿hay que participar, no hay que participar? Por inclinación los católicos tienden a integrarse en las instituciones legales oficiales, en los partidos políticos; sin embargo, si se constata la ineficiencia de los partidos políticos, ahí se plantea la cuestión de participar en otros movimientos.

Esa pregunta se había suscitado hace 30 años cuando aparecieron los movimientos guerrilleros violentos y entonces hubo varias respuestas, pero la inmensa mayoría de los católicos no se integró. Ahora la cuestión es diferente porque no se trata de movimientos armados y con la pretensión de conquistar el poder; son movimientos más complejos que conocen mejor sus limitaciones y no van a pretender derrotar militarmente los ejércitos nacionales. Pero actúan en forma alternativa, no por la participación en la elaboración de leyes y decretos, sino ejerciendo presiones para desestabilizar el sistema establecido y empujar nuevas fuerzas políticas. Serán movimientos que no proponen explícitamente la violencia, aunque en determinados momentos estén de hecho implicados en situaciones violentas.

¿Cuál debe ser la participación de los cristianos en tal movimientos? No se pueden dar normas generales porque cada caso será particular, y siempre existe ese desafío para los católicos. Hasta el momento la jerarquía tiende siempre a insistir en que los católicos formen grupos específicos, propios, de acción social propia, específica, no integrada dentro del movimiento de conjunto porque temen la corrupción de los movimientos alternativos, temen la absorción, temen que la presión ejercida por los movimientos de oposición sea tan fuerte que la identidad cristiana desaparezca. Todos esos riegos existen, sin duda, pero por otro lado, los movimientos puramente católicos no tienen absolutamente ninguna fuerza política. Entonces ahí nace el desafío, de que en forma general los laicos van a tener que decidir ellos mismos. Es probable que la jerarquía no intervendrá mucho, se quedará más bien pasiva y silenciosa esperando el resultado de las perturbaciones, de los cambios sociales, pero sin querer intervenir en forma activa, y sin hacer propuestas activas, o proponiendo algo a un nivel conceptual, tan abstracto que nada significa. Entonces en esas circunstancias que se aproximan nosotros no debemos ni podemos crear o elaborar todo un programa de transformación social -no tenemos la fuerza para eso-, pero tendremos que definirnos y escoger un rumbo, cuando aparezcan todos los movimientos que se esperan, toda la perturbación que se espera, los nuevos líderes, los nuevos movimientos que van a aparecer.

José Comblin


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